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¡Es Tiempo de Fiesta!

Las fechas navideñas están cerca y es tiempo de celebración.

Por lo general, resulta bastante complicado reservar mesa en un restaurante porque están copados con comidas de amigos, reuniones de asociaciones o de cenas de empresa.

¿Por qué? Porque somos animales sociales que necesitamos relacionarnos con los demás para sentirnos bien. Si no lo hacemos, nos falta algo.

¿También en las empresas? En cierta ocasión, la compañía para la que trabajaba en aquel momento no pasaba por sus mejores momentos y decidió suprimir la cena de empresa. ¿El argumento? Es algo prescindible. Es un gasto y no tiene un retorno directo sobre la productividad. Conclusión: la suprimimos.

Es el argumento fácil. Nadie te va a discutir que es un gasto y, a primera vista, no parece que aporte nada diferente a los resultados de la compañía.

Es increíble que, cuando se producen este tipo de situaciones, se actúe siempre de la misma manera. Suprimimos en lugar de repensamos. Suprimir es fácil y directo. Repensar nos mete en un terreno de mayor incertidumbre.

Generalmente, cuando uno repiensa sus procesos encuentra un montón de ineficiencias que se pueden corregir y traducir en ahorros.

En cualquier caso, esto no se suele hacer y se opta por la decisión fácil de eliminar lo que parece superfluo.

Lo cierto es que las cenas de empresa o cualquier otro tipo de evento que nos permita socializar y profundizar más y de forma diferente con las personas con las que nos relacionamos todos los días nos hace más humanos.

¿Ser humanos sirve de algo? Ser humanos sirve de mucho. Su principal ventaja es que las organizaciones que tienen un mayor componente de relación son las que desarrollan lazos de afecto con sus integrantes y entre sus integrantes.

Cuando hay afecto, hay sentimiento de pertenencia y cuando pertenecemos a algo nos comprometemos y lo defendemos como si fuera nuestro. De hecho, lo es.

Ahora, la decisión es ¿quieres una compañía con trabajadores muy disciplinados capaces de entregar unos resultados más o menos predecibles pero poco sorprendentes o quieres un organismo vivo, con sus virtudes y sus defectos, capaz de lo mejor cuando defiende sus intereses (lo tuyos)?

Yo no tengo muchas dudas. Hay empresas humanas llenas de emoción, imperfecciones y compromiso y empresas robot más predecibles, grises e incapaces de establecer ningún tipo de conexión con sus trabajadores. Me quedo con las empresas humanas.

Si el problema son los gastos, ajusta el presupuesto, cambia el formato o busca cualquier otra alternativa, pero no suprimas los momentos en los que tu compañía se conecta y marca la diferencia.

Salvador Figueros

Foto: Art Institute of Portland / Flickr

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