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¿Qué Negocio Debo montar?

Aquél que te permita alcanzar las metas a las que aspiras. Si no tienes claros tus objetivos, tendrás dificultades para en­contrar el camino que te conduzca a ellos.

Te puede venir muy bien apun­tarlos en un papel y revisarlos con toda tranquilidad. Escríbelos y reescrí­belos tantas veces como te parezca oportuno, analiza su nivel de importan­cia, tacha los que creas que no son prioritarios y subraya los que te parezcan más determinantes.

Tus objetivos pueden pasar por ganar más dinero para alcanzar un me­jor nivel de vida, lograr la independencia económica, conseguir fama y re­nombre, incrementar tu autoestima al ser capaz de crear algo, colaborar con la comunidad…. o, quizá, alguna combinación de ellos.

En líneas generales, podemos hablar de cuatro tipos de metas u objetivos: El
Dinero, El Control, La Confirmación y La Creación.

El Dinero

Es el objetivo más obvio. Normalmente, decides montar un negocio porque esperas conseguir más ingresos como pago al esfuerzo adicional y al riesgo que asumes. La ecuación siempre funciona así, a mayor riesgo y esfuerzo se espera mayor compensación.

Tú fijas el volumen de ingresos al que aspiras. Puedes fijar metas alcanzables que te permitan llevar una vida sin problemas o puedes ser mucho más agresivo y aspirar a cotas más altas. Es tu res­ponsabilidad que fijes el nivel de ingresos con el que te sientes más cómodo.

Te recomiendo que te centres en las necesidades que te facilitaran la vida. Divídelas entre las ocasionales (vivienda, coche, etc.) y las que se repiten constantemente (ropa, colegios, etc.). Cuando hayas termi­nado, asígnales un valor en dinero y suma cuánto te cuestan al año. La cifra final te dará la cantidad anual que necesitarás para llevar el nivel de vida al que aspiras (tu objetivo de ingresos anual); si lo divides entre 12, puedes traducirlo a mensualidades.

Lo maravilloso de todo este razonamiento es que, en definitiva, la deci­sión sigue siendo tuya. Tú eres el que te fijarás las necesidades; las necesi­dades te marcarán los objetivos de ingresos, y, como consecuencia de ellos, tu esfuerzo y proyecto de negocio.

El Control

El cumplimiento de este objetivo es decisivo a la hora de organizarte la vida. Es normal que las familias ordenen sus actividades en función de sus traba­jos: tu nómina determina tu nivel de gasto, organizas tus vacaciones cuando puedes encajarlas en las disponibilidades de tu compañía, tus horarios de recogida de niños dependerán de los horarios de tu oficina,…

El nivel de Control está relacionado con el volumen de los ingresos, la gestión del tiempo y la independencia de las decisiones. Los ingresos deter­minan tu nivel de vida; la gestión del tiempo, el aprovechamiento; y la inde­pendencia de las decisiones, tu libertad a la hora de elegir y no tener  que rendir cuentas a nadie.

La necesidad de poder controlar todos estos aspectos de tu vida e inten­tar vivir la vida que quieres vivir y no la que otros quieren que vivas suele ser uno de los objetivos que muchas personas manejan a la hora de tomar la decisión de emprender un proyecto por cuenta propia.

La Confirmación

Funciona como la necesidad que tienes de demostrarte que eres capaz de fijarte retos, alcanzarlos y reforzar tu autoestima. Este proceso tiene la fa­cultad de retroalimentarse, es decir, cuando consigues superar tus retos con éxito, te resultará más fácil enfrentarte a nuevos desafíos porque tu autoes­tima ha aumentado, sin embargo, cuando no consigues lo que te propones, el sistema trabaja en sentido contrario.

Por otro lado, la Confirmación está relacionada con la necesidad de re­conocimiento por parte de los demás. Necesitas el reconocimiento y cariño de los que te rodean para seguir avanzando. Cuando los demás valoran tu trabajo y tú te sientes orgulloso de lo que realizas, alcanzas el objetivo de la Confirmación.

La Creación

La necesidad de crear algo que perdure y que trascienda el paso del tiempo más allá de donde tú puedas alcanzar físicamente, también, actúa como mo­tivación, y constituye uno de los objetivos de muchos emprendedores.

Este principio consiste en dejar tu impronta a través de tu obra. La obra que creas tiene sentido hoy, y, en la medida del interés de la misma, puede tenerlo mañana. A través de tu obra, te aseguras el recuerdo en el futuro.

La obra del emprendedor es su compañía. Si has conseguido desarro­llarla con éxito y darle continuidad, funcionará como tu recuerdo en el fu­turo.

Como conclusión, recordarte que debes montar el negocio que te per­mita alcanzar el objetivo o combinación de objetivos que te hayas fijado. Como apuntábamos anteriormente, es importante que definas los objetivos claramente y, para ello, no hay nada mejor que echar mano de papel y lápiz y reflexionar tranquilamente sobre lo que vayas escribiendo. (extracto de mi libro “¿Jefes…? No. Gracias”)

Salvador Figueros

Foto: Ninafrazier / Flicker

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