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¡Es El Cliente, Estúpido!

Tienes un producto o servicio. Crees que es bueno. Has trabajado mucho, has puesto mucho esfuerzo. El resultado es fantástico.

Luego, lo comparas al de tu competencia. OK. Funciona.

El mercado ayuda a este tipo de comparaciones. Se organizan concursos, festivales, certámenes,…

¿Dónde está el estándar?

La idea siempre es parecida. Poner cosas en comparación y ver qué es mejor.

Aparecen estándares. Se marcan unas pautas. El sector se autorregula. Todo es muy ortodoxo. Todo está muy ordenado.

Creas una idea de éxito y juegas dentro de ella. ¿Por qué no? Tu producto es increíble. Tiene las mejores características. Las mejores funcionalidades. Todo está en su sitio.

El producto es bueno y las expectativas son altas. Tiene que ser así. Tienes todos los ingredientes para triunfar.

¿Cuál es el la respuesta?

Al final, los resultados llegan o no llegan. Da lo mismo. No hay control. Por lo menos el control que importa.

El mercado no termina de reaccionar. Tus clientes están fríos.

Es difícil de asimilar. Tienes un gran producto. Es un gran producto. ¿Por qué no lo ven? ¿Por qué no son capaces de entenderlo?

Párate un momento y piensa. El tema es sencillo, pero no es inmediato. Piensa. ¿Quién quiere el producto? Tu cliente.

¿Quién define el producto? ¿Tú, el sector,…? ¿No coinciden quién quiere y quién define? ¿No?

¡Es El Cliente, Estúpido!

Salvador Figueros

Foto: gordontarpley / flickr

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