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Impresión

Cuando miras “Impresión” tienes sensaciones. Es un cuadro distinto. No es un cuadro fácil.

Claude Monet lo pintó en 1872. El puerto de Le Havre, unos cuantos trazos y poco más. A partir de ahí, el mundo del arte cambió.

Este cuadro dio nombre al movimiento impresionista. Un movimiento distinto. Un movimiento que ponía el énfasis en el impacto, en el trazo grueso y en el todo.

Ha habido muchos movimientos. Muchos ismos. Pero éste es diferente.

No lo tuvo fácil. Los inicios fueron complicados. Es igual. Hoy es uno de esos puntos de inflexión que transforman las cosas. Que cambian lo que viene después. Uno de los puntos de inflexión de los que se puede aprender.

Unos cuantos trazos

Ésa es la principal característica del impresionismo. Sólo unos trazos. Ya no es necesario dibujarlo todo. Pintarlo todo. Unos cuantos trazos es suficiente.

El impresionismo acaba con la obsesión por el detalle. No hay que llevarlo todo hasta el final. El detalle no importa. La perfección tampoco.

Cada trazo está en su sitio. Aporta lo que tiene que aportar. No hay razón para ir más allá. No es necesario.

El impresionismo elimina los detalles que no aportan valor. Tiene esa capacidad. Tú también puedes tenerla. Puedes centrarte en lo fundamental y olvidar el detalle.

El Todo

El impresionismo tiene dos mundos. Tiene que ver con la distancia. Cuando estás cerca, sólo ves trazos. Manchas de pintura. Es un efecto curioso, pero no es gran cosa. Es el mundo del pintor. El mundo en el que trabaja. En el que pone las cosas en su sitio.

Cuando te separas, las cosas cambian. Ahora, lo ves TODO. Puedes ver el resultado. Éste es el mundo de los demás. De los que consumimos la obra. De sus clientes.

Al final, funciona así. Unos cuantos trazos dentro de un Todo. El detalle no es demasiado relevante. Está al servicio del Todo. El Todo es el resultado. Es lo que realmente importa.

Claude Monet buscaba el efecto final. La impresión. Lo puedes ver en su cuadro. Todos los impresionistas lo hacían. Por eso la perfección no está en los trazos. La perfección está en los resultados.

Salvador Figueros

Foto: Joaquín Martínez Rosado / flickr

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