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La Literatura No Es Un Beneficio Que Puedas Vender

literatura

Suena bien, pero no suele funcionar. Pasa cuando utilizas algún beneficio que no puedes demostrar.

“Somos la compañía líder en trato personal”. Éste puede ser un buen ejemplo. Hay un montón de ellos. Todos tienen algo en común. Grandes palabras.

Las grandes palabras están bien para muchas cosas, pero no te van a ayudar a vender. Son grandes, son huecas y son insuficientes.

Yo le llamo literatura. Cuando alguien quiere vender su producto con grandes palabras lo llena todo de fuegos artificiales. Cuando han estallado, no queda nada. Sólo palabras. Literatura.

Tus clientes tienen necesidades concretas que necesitan soluciones concretas. Si tu producto tiene las respuestas, tienes que darlas.

No hay que hablar demasiado, no hay que adornar demasiado. Sólo tienes que identificar el problema y dar tu solución. Sencilla, concreta y verificable.

No es complicado, pero tienes que recordarlo. La literatura llena el vacío, pero no paga las facturas. Los productos que solucionan problemas sí.

Salvador Figueros

Foto: jesse.millan / flickr

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El Método Lean StartUp: Experimentar

En el capítulo 4 de “El Método Lean StartUp“, Eric Ries habla de los pasos que hay que seguir para implementar su método en un entorno de StartUp (incertidumbre).

Aquí tienes el cuarto de los vídeos que grabé para la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). En él, puedes encontrar una breve introducción a ese cuarto capítulo del libro de Eric Ries.

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El Método Lean StartUp: Aprender

En el capítulo 3 de “El Método Lean StartUp“, Eric Ries habla del Aprendizaje Validado como el aprendizaje que te permite incorporar a tu producto o servicio sólo aquellas características que van siendo aceptadas por tus clientes.

Aquí tienes el tercero de los vídeos que grabé para la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). En él, puedes encontrar una breve introducción a ese tercer capítulo del libro de Eric Ries.

Salvador Figueros

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¡Cuidado Con El Último Escalón!

escalera

Es probable que hayas tenido una experiencia parecida. Entras en un sitio. El que sea. Hay un letrero bien grande que dice “¡Cuidado con el último escalón!”.

Lo lees sin problemas. Almacenas la información y empiezas a subir o bajar la escalera de turno.

Casi con toda probabilidad tendrás problemas en el último escalón. Casi con toda probabilidad tropezarás en el último escalón.

Ley física

¿Por qué? Porque es así. Sabes que hay un último escalón y sabes que hay que tener cuidado.

Luego empiezas a subir. Vas cogiendo confianza. En algún momento olvidas que hay que estar alerta. Al final, aparece el último escalón y tropiezas. Ley física.

La teoría del último escalón

Yo le llamo así. La teoría del último escalón. Tiene que ver con la confianza. Con la confianza mal entendida.

Tienes un negocio. Lo gestionas. Sabes lo que tienes que hacer y lo haces. Poco a poco vas cogiendo velocidad de crucero.

Un día. Otro. Las cosas van razonablemente bien. Sigues progresando. Hay peligros ahí fuera. Los conoces y tienes que estar preparado, pero todo sigue avanzando y te encuentras bien.

Cada vez mejor. Tu confianza está por las nubes. Te relajas y olvidas que las cosas pueden cambiar. Que las cosas se pueden estropear y hay que estar listos para cuando llegue el momento.

Al final, el momento llega, te sorprende. Tu confianza te ha hecho relajarte. Bajas la guardia. Te has topado con el último escalón y has tropezado. Fin de la historia.

Siempre

Ocurre siempre. Ocurre con tu negocio. Ocurre con el disco duro que se estropea sin copia de seguridad. Ocurre con las llaves que se quedan dentro sin copias disponibles. Ocurre…

El problema no es que ocurra. El problema es que sabes que puede ocurrir y no has hecho lo suficiente para amortiguar el impacto. El problema es que has olvidado que hay escalones que son distintos y sigues tropezando con ellos.

Salvador Figueros

Foto: extranoise / flickr

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Cómo Ingresar Más Dinero Vendiendo Menos Cosas

Cómo Ingresar Más Dinero Vendiendo Menos Cosas

Durante muchos años trabajé en los estudios de una cadena de televisión. Mi trabajo consistía en coordinarme con el equipo de los programas para diseñar espacios publicitarios dentro de los mismos.

El mecanismo era sencillo. Cogíamos la escaleta (estructura) del programa, veíamos dónde encajaba mejor y colocábamos pequeños espacios publicitarios de uno o dos minutos de duración.

La idea era aprovechar el escenario, los presentadores, el atrezzo del programa e integrar de la mejor manera el contenido publicitario de nuestros anunciantes.

De esta forma, conseguíamos un resultado diferente, un formato distinto al típico anuncio en el intermedio.

¿El objetivo? Ofrecer a nuestros anunciantes un espacio publicitario disfrazado de programa de televisión. Un espacio publicitario con mucho más impacto que cualquier otra fórmula.

Pero entonces…

Puedes decir que molesta. Puedes comentar que no te parece apropiado. Puedes pensar lo que quieras, pero la verdad es que la fórmula era (y es) fantástica.

Cuando lo hacías bien, el resultado era increíble. Cuando lo hacías bien, conseguías un gran nivel de integración publicidad/contenido. Vencías el rechazo de la audiencia.

Pero entonces… entonces el anunciante veía la oportunidad de llenar de mensajes publicitarios ese minuto de publicidad integrada en contenido. Muchos mensajes publicitarios. Cuantos más mejor.

Al final, ellos pagaban el espacio. Querían ser vendedores. Querían decir muchas cosas. Querían lanzar tantos mensajes como les entrasen en ese minuto.

Ahí estaba el conflicto. El anunciante peleando por incluir más. Nosotros luchando por rellenar un minuto con una idea potente del anunciante. Una idea potente e integrada en los elementos del contenido. Una idea que se cogiese a la primera y que quedase en la memoria de la audiencia.

Menos cosas, más dinero

La psicóloga de la universidad de Columbia Sheena Iyengar desarrolló un experimento interesante.

En su estudio, ofrecía en un supermercado un surtido de mermeladas con distintos sabores. Según el día, la combinación ofrecida tenía seis sabores o 24 sabores.

Iyengar analizó la respuesta de los compradores durante un periodo de tiempo. Finalmente, concluyó que la combinación con menor número de sabores superaba a la combinación de 24 sabores en un 27%.

La gente compraba más la combinación que ofrecía menos. Los compradores se sentían más atraídos hacia la combinación más simple. La que tenía menos elementos. La entendían mejor y les resultaba más atractiva.

La televisión no es diferente

No, la televisión no es diferente. La verdad es que nada es diferente. Éste es un efecto que se repite constantemente. Se da en todos los entornos.

Cuando enfrentas al consumidor a demasiados elementos, se produce confusión y se paraliza la acción. No hay más.

En mi historia, el resultado era desigual. Algunas veces conseguíamos convencer a nuestros anunciantes. Un espacio, una idea. Ésa era la combinación perfecta.

En otras ocasiones resultaba más complicado y llenábamos el minuto con un montón de características, beneficios y bondades del producto.

Supongo que la televisión es así. Las negociaciones son así. Pasan este tipo de cosas. Unas veces unos. Otras veces otros.

Pero lo que siempre es igual es la percepción de tus consumidores. Lo que siempre es igual es que puedes ingresar más vendiéndoles menos.

Salvador Figueros

Foto: rennes.i / flickr

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El Método Lean StartUp: Definir

En el capítulo 2 del “Método Lean StartUp“, Eric Ries habla de los elementos que definen el marco de actuación de este método: el Emprendedor y la StartUp.

Aquí tienes el segundo de los vídeos que grabé para la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). En él, puedes encontrar una breve introducción a ese segundo capítulo del libro de Eric Ries.

Salvador Figueros

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El Método Lean StartUp: Comenzar

El Método Lean StartUp se ha convertido en un manual de referencia para la gestión de nuevos proyectos empresariales.

En el capítulo 1 del “Método Lean StartUp”, Eric Ries habla de los fundamentos del método: el Management Emprendedor y el Lean Manufacturing.

Aquí tienes el primero de los vídeos que grabé para la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). En él, puedes encontrar una breve introducción a ese primer capítulo del libro de Eric Ries.

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Cómo Multiplicar El Resultado De Tus Ofertas

tiempo limitado

Todas las ofertas comparten cosas. Una de las más típicas es el sentido de urgencia.

“Si quieres aprovechar esta oferta, tienes que realizar tu compra en las próximas 24 horas”. “Últimas plazas libres. Reserva tu entrada antes de que se agoten”. “Entradas limitadas a las 100 primeras llamadas”…

Las combinaciones son infinitas, pero todas comparten la presión del tiempo. “Si no eres rápido en tomar tu decisión, corres el riesgo de perder esta oportunidad”.

Es simple. Puedes pensar que sólo es un reclamo comercial. Una manera de influir en tu decisión. Todos podemos pensar lo mismo, pero la fórmula funciona. La prueba es que se utiliza constantemente.

El Experimento de Howard Leventhal

Durante la década de los ’60, Howard Leventhal llevó a cabo un experimento para comprobar, entre otros, el funcionamiento del sentido de la urgencia.

Entregó a un grupo de estudiantes un folleto donde se les advertía de los peligros de la enfermedad del Tétanos. Una enfermedad muy grave producida por un bacilo que entra por las heridas y ataca el sistema nervioso.

En el folleto, se instaba a los estudiantes a vacunarse cuanto antes con el fin de evitar el riesgo de contraer la enfermedad.

Los resultados fueron modestos. Sólo un porcentaje pequeño de los participantes en el experimento atendió a la llamada y se vacunó contra el Tétanos.

Una variación interesante

Leventhal prosiguió con el experimento. Convocó a un nuevo grupo de estudiantes y les entregó, de nuevo, el folleto. El mismo folleto que había entregado anteriormente con una sola variante.

Ahora, el folleto contenía un mapa del centro médico de la universidad y listaba las fechas en las que el centro ofrecía un plan de vacunación gratuito contra el Tétanos.

¿Los resultados? Los resultados tuvieron poco que ver con los del primer grupo. En esta ocasión, el número de estudiantes que se vacunó contra la enfermedad superó el 30% de los estudiantes expuestos al folleto.

El efecto multiplicador

El sentido de la urgencia se ha utilizado en las estrategias de marketing desde siempre. La posibilidad de perder una oportunidad por no ser capaz de reaccionar a tiempo es un motivador muy potente a la hora de tomar una decisión ante cualquier oferta comercial. Las compañías lo saben y lo utilizan.

El sentido de urgencia es muy poderoso, pero puede serlo mucho más si lo combinas con instrucciones claras y precisas con todos los pasos que hay que dar.

Si lo haces, si das la información suficiente para que tus clientes no se sientan perdidos, el sentido de urgencia funcionará como siempre y las instrucciones claras y precisas multiplicarán tus resultados como nunca.

Salvador Figueros

Foto: dno1967b / flickr

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25 Maneras De Estropear Una Buena Negociación

Negociación

No es una opción. Si quieres que tu compañía funcione a máximo rendimiento, tienes que saber negociar.

Tu negocio funciona por el aumento de ingresos, pero mejora por la reducción de gastos.

Cada acuerdo que cierras, cada euro que ahorras, va directamente a tu cuenta de resultados. Suma e incrementa todo lo que has conseguido.

Negociar correctamente es una de las habilidades más importantes. Afortunadamente, es una habilidad que se puede aprender.

En “Guía Rápida De Negociación Para Pymes” tienes un sistema que te puede ayudar a planificar tus negociaciones paso a paso y conseguir los mejores resultados.

Los sistemas sirven para eso. Te dan un marco para organizar las cosas. Un itinerario para llegar al objetivo. Los sistemas son la guía, pero los puedes mejorar. Los puedes mejorar si incorporas cosas.

Aquí, tienes un montón de esas cosas. Un montón de esos elementos que mejoran los sistemas. No hay que utilizarlos todos, pero hay que saber que existen. Hay que saber que los tienes a tu alcance. Hay que saber que si no los utilizas, puedes estropear una buena negociación.

1.- Una oferta cada vez

Las ofertas se hacen así. Una cada vez. ¿Qué quiere decir? Quiere decir que, cuando has hecho una propuesta, hay que esperar la contestación de tu interlocutor antes de volver a hablar. Antes de volver a hacer otra propuesta.

Cualquier cosa que añadas cuando has hecho una oferta va en tu contra. No clarifica nada. No mejora nada. Simplemente, evidencia inseguridad.

2.- Papel, papel, papel

Los acuerdos hay que reflejarlos en papel. Entendí que… Pensé qué… Mi interpretación es que…

Acaba con todo eso. Es fácil. Basta con un trozo de papel. Un trozo de papel donde recojas todo lo que habéis acordado.

La cabeza es un mal lugar para almacenar nada. Papel, boli, acuerdo y firma. Ya tienes un contrato.

3.- La preparación es la clave del éxito

No dejes nada al azar. Las cosas importantes hay que prepararlas. Hay que prever los escenarios. Hay que imaginar las contestaciones. Hay que tener las respuestas a mano.

Reaccionar sobre la marcha no es la mejor solución. Si quieres controlar la situación, tienes que saber con antelación qué puede pasar.

4.- Tienes que saber lo que quieres

No puedes entrar en ninguna negociación sin saber exactamente qué es lo que quieres sacar de ella.

Si lo haces, no sabrás cuando parar. No sabrás cuando abandonar la negociación. No sabrás nada de nada.

Lo primero, siempre, definir un objetivo. Después, pensar cómo vas a conseguirlo. Finalmente, sentarte a negociar.

5.- En las palabras está la contestación

La negociación es el arte de escuchar a los demás. De saber escuchar mejor de lo que lo hacen ellos.

Las palabras cuentan. Cuentan más por cómo se dicen que por lo que dicen. Las palabras pronunciadas con seguridad suelen guardar argumentos potentes. Propuestas trabajadas.

Las palabras vacilantes no suelen tener un soporte sólido. Suenan a farol. Suenan a ver qué pasa.

6.- No evites el enfrentamiento

Las cosas son así. Cada parte defiende sus posiciones. Cada parte defiende algo diferente. Esto, por definición, plantea un cierto enfrentamiento.

Enfrentamiento no es discusión. Enfrentamiento es defensa de tus objetivos. Tienes que estar dispuesto a gestionar este tipo de enfrentamientos. Si no lo haces, te llevarás la peor parte en todas las negociaciones.

7.- La primera referencia marca la negociación

La negociación es un juego de anclajes. Nada pasa hasta que no hay una referencia. A partir de la referencia, empiezan los movimientos.

Lo hagas como lo hagas, todo se organiza alrededor de la primera referencia. Si quieres dirigir la negociación, sé el primero en mover pieza. Da la primera referencia y defiéndela tanto como te sea posible.

8.- Un precio de mercado es un buen punto de partida

Las cosas valen lo que valen. Tienen un valor para el que las vende y tienen un valor para el que las compra. Por lo general, estos valores no coinciden.

Intenta encontrar un precio de mercado. Una valoración que no dependa de las partes.

Es un buen punto de partida. A partir de ahí, puedes construir tu argumento. Sumando o restando según tu valoración.

9.- Hay que pedir

Quieres lanzar una oferta X, pero lo piensas dos veces. ¿Por qué? Porque es muy baja. A lo mejor no es realista. Seguro que tu interlocutor no la escuchará. No tienes grandes probabilidades de éxito.

¡No! Si no pides, no te darán. Es una ley sencilla, pero efectiva. No se consigue lo que no se pide.

El juego no pasa por autocensurarse. La regla de oro de la negociación es que otros te pongan los límites.

10.- Entre X e Y

Las peticiones concretas tienen precios concretos. Las peticiones ambiguas no tienen precios.

“¿Cuánto podría costarme algo de este estilo?” Es una mala pregunta. No está definida. Deja demasiadas cosas en el aire.

“Algo de este estilo podría estar entre X e Y”. Es una mala contestación. No hay un compromiso de precio, pero establece un rango. A partir de ahí, todo lo que hables caerá dentro de ese rango.

Indefinición y rango es una mala combinación. Una petición que puede crecer en cantidad y calidad y un precio que no puede salirse de un rango.

11.- Quid pro Quo

Para negociar hay que realizar concesiones. Es parte del juego. Empiezas en un punto y acercas posiciones entre las partes. ¿Cómo lo haces? A través de concesiones.

Las concesiones valen lo que vale lo que te dan por ellas. Te doy esto y recibo esto. Algo por algo. Quid pro Quo.

Cuando das algo por nada, el valor de lo que das es cero. Contamina al resto de concesiones y disminuye tu capacidad negociadora.

12.- Preguntar ayuda a negociar mejor

Es la base de casi todo. Para conseguir información hay que preguntar. No hay otra forma de hacerlo.

Haz preguntas abiertas. Preguntas que necesiten explicación. Cuanta más explicación mejor. Cuanta más explicación, más información para tomar mejores decisiones.

 13.- La última palabra cierra puertas

Piénsatelo dos veces antes de dejar claro a tu interlocutor que el 100% de la decisión final está en tus manos.

Es agradable tener la responsabilidad, pero no es inteligente hacerlo público. Cuando colocas parte de la decisión fuera del entorno de la negociación, estás dejando una puerta abierta.

Una puerta que te permitirá salirte de la negociación cuando las cosas no vayan según lo previsto.

14.- El tiempo es tu amigo

Evita tener que negociar con presión de tiempo. Tener que llegar a un acuerdo antes de… no es una buena situación.

La falta de tiempo te ahoga, te asfixia, te obliga a aceptar alternativas que no son las mejores.

Administra tu tiempo correctamente. Si no tienes el tiempo suficiente para cerrar el mejor acuerdo, intenta que la otra parte no sea consciente de ello.

15.- Busca alternativas

No hay mejor elemento para negociar que disponer de suficientes alternativas. Las alternativas te dan libertad. Te permiten elegir.

Cuando no tienes alternativas, estás obligado a cerrar un acuerdo. Bueno, malo o regular. Da lo mismo. Al final, tendrás que aceptarlo. ¿Por qué? Porque no tienes alternativas.

16.- No creas todo lo que oigas

La sinceridad es un gran valor, pero no suele estar presente en todas las negociaciones. Por lo general, nunca sabrás si te están diciendo toda la verdad, parte de la verdad o una gran mentira.

¿Recomendación? No creas todo lo que oigas. No actúes en función de la información que te proporciona la otra parte. Trabaja tu propia información y saca tus propias conclusiones.

17.- La presión hay que controlarla

El resultado de una buena negociación no pasa por presionar a la otra parte hasta el límite.

La presión es tentadora, pero no suele funcionar. Cuando pasas un determinado nivel, el comportamiento de las personas empieza a ser poco previsible. Menos racional.

Cuando presionas demasiado, corres el riesgo de estropear una buena negociación sólo por el hecho de llevar a tu interlocutor a un punto en el que se sienta acorralado y quiera escapar.

18.- Todo el mundo contento

No tienes que llevártelo todo. No tienes que llevártelo si eso significa que alguna de las partes no queda satisfecha.

Las negociaciones se hacen entre personas. Es una buena idea que todo el mundo quede contento. Que todos piensen que han hecho una buena negociación.

Piensa siempre en la segunda vuelta. Puede haberla o no, pero siempre será mejor darla con alguien que ve en ti a un colaborador.

19.- No es un tema personal

Es un error típico de principiantes. No sabes separar y te involucras demasiado emocionalmente. Al final, piensas que la negociación es contra ti.

La emoción nubla la vista y no deja ver las cosas con claridad. No es una buena fórmula para gestionar ninguna negociación.

Las cosas son bastante diferentes. La lógica de las negociaciones es bastante sencilla. Traza un plan coherente para conseguir el mejor acuerdo. Eso es todo.

20.- Dale una oportunidad al otro negociador

Los negociadores expertos se centran en las necesidades. Intentan entender las necesidades de la otra parte y buscan planteamientos para satisfacerlas.

Dale una oportunidad al otro negociador. Comenta tus necesidades. Las que no te comprometen. Ofrécele la posibilidad de colaborar. Interésate por las suyas e intenta encontrar soluciones que cubran las de ambos.

21.- Si es posible, con los responsables

A veces no está en tu mano, pero hay que intentarlo. Mucho mejor con los responsables finales. Con los que toman la última decisión.

Negociar con interlocutores que no tienen la última palabra es incómodo. El objetivo no es convencerles. El objetivo es darles la suficiente información para que puedan convencer a sus responsables.

Si puedes evitarlo, hazlo. Intenta convocar a aquellos que cierran los acuerdos y comunica directamente.

22.- El lenguaje de los gestos es revelador

Hablamos con palabras, pero comunicamos con nuestros gestos. Presta atención al lenguaje corporal de tu interlocutor.

Hay miles de señales que debes saber interpretar. Taparse la boca al hablar puede ser sinónimo de inseguridad. No fijar la mirada puede implicar que no se está diciendo toda la verdad. Gesticular de forma abierta y natural puede mostrar seguridad en la argumentación…

Aprovecha toda la información que transmitimos con nuestros gestos y utilízala para tomar mejores decisiones.

23.- No hay que dar una contestación ya

Todo puede esperar. Las contestaciones también. Es una técnica que se utiliza con demasiada frecuencia. Se presiona al otro negociador para que conteste ya, para que diga sí o no sobre la marcha.

No hay que hacerlo. Las respuestas rápidas no suelen ser las mejores. Si te sientes presionado, utiliza las palabras mágicas: “Déjame que lo piense con tranquilidad y te digo algo”.

Así, sencillo. Ya has ganado el tiempo que necesitas para analizar la situación con tranquilidad y dar la mejor contestación.

24.- Quien argumenta convence

Es una regla que funciona siempre. Los argumentos dan solidez a tus peticiones. Cuantos más argumentos de peso, más solidez.

Los argumentos te ayudan a explicar tu posición. A justificarla. Los argumentos dan razones a la otra parte para modificar la suya. Para buscar un acercamiento.

Los negociadores con mejores argumentos consiguen los mejores resultados en sus negociaciones.

25.- Varios proveedores

Negocia siempre con varios proveedores al mismo tiempo. Hazles saber que lo estás haciendo.

Ésta es una de las estrategias típicas de las grandes compañías. Se le suele llamar “RFP” (Request For Proposal- solicitud de ofertas). Se publica la “RFP” y se invita a los proveedores a que participen en ella.

Si eres pequeño, también lo puedes hacer. No tienes que ser tan formal. Basta con quedar independientemente con cada uno de ellos y decirles que estás trabajando con un grupo de proveedores para encontrar una solución a tu necesidad.

Estos son los 25 elementos que tienes que conocer. Hay muchos más, pero estos son importantes.

Si los utilizas correctamente, pueden mejorar tu sistema de negociación, te pueden ayudar a conseguir mejores resultados.

Si no les prestas demasiada atención, pueden estropear cualquier negociación.

Salvador Figueros

Foto: DaveBleasdale / flickr

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La Ley Del Enchufe

enchufe

No lo puedes evitar fácilmente. Algo no funciona y empiezas a toquetear. Es la reacción natural. Lo hacemos todos.

Hace unos meses, actualicé el plugin (funcionalidad) de mi blog que me permite planificar mis artículos futuros según fechas.

Enseguida, la oscuridad. Mi blog desapareció. A partir de la actualización, no podía entrar en mi Web. Cuando lo intentaba, aparecía un mensaje de error.

Accedí a las carpetas de mi dominio a través de FileZilla y empecé a toquetear. Es la reacción natural. Toqueteé un poco por aquí, un poco por allí. Toqueteé por todos los sitios. Nada.

Si nada, entonces sigo tocando. No respeta ningún principio lógico, pero es así como funciona.

Unas cuantas horas y muchos nadas después, se me iluminó la bombilla. Y si tecleo el nombre del plugin en Google y veo si hay alguna referencia a este problema, ¿qué puede pasar?

¿Qué puede pasar? Pasa algo fantástico. Allí estaba la solución. Un montón de entradas con la solución.

El desarrollador del plugin no había tenido en cuenta la última actualización de WordPress (la plataforma de contenido sobre la que corre mi blog) y eso provocaba el fallo del sistema.

Sólo tenía que seguir los pasos que aparecían en cualquiera de las entradas de Google, desinstalar el plugin e instalar la nueva versión corregida. Hecho.

En mi caso fue un poco más complicado. En mi caso tuve que destoquetear todo lo que había toqueteado anteriormente por no haber buscado la solución más sencilla desde el primer momento.

La Ley del Enchufe

Es una ley universal. Se da cuando trabajas con cualquier cosa que tenga que ver con un ordenador.

De repente, la impresora deja de imprimir o la conexión a Internet deja de funcionar o… lo que sea. De repente las cosas se paran.

Entonces llamas al servicio técnico. Estás apurado. Tienes que conectarte a la oficina desde casa para terminar un trabajo urgente, pero la conexión no responde. Se lo dices al tipo que está al otro lado de la línea. Le dices que no es la primera vez. Que las cosas fallan más de lo que deberían fallar. Que estás empezando a…

El tipo no se inmuta demasiado. Cuando terminas de decirle todo lo que quieras decirle, te responde con una voz uniforme: “Por favor, compruebe que el enchufe está bien conectado”.

El primer impulso

Era el enchufe. Era lo obvio. Lo inmediato. Ahí termina todo.

El primer impulso no funciona. Es el que manda, pero no funciona. Lo sencillo funciona. Lo obvio funciona o, por lo menos, debe ser la primera alternativa.

Cuando tengas que resolver un problema, no busques soluciones raras. En la mayoría de los casos, no las vas a encontrar.

Cuando tengas que resolver un problema, céntrate en lo más sencillo. Sigue siempre el mismo protocolo. Primero lo evidente.

Aunque los problemas sean distintos, las fórmulas para encontrar las soluciones son parecidas.

Cuando tengas un problema, comprueba primero que el enchufe está conectado.

Salvador Figueros

Foto: espensorvik / flickr

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