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¿Por Qué Hay Que Decir Que No?

Porque sí. Es una de las razones. Hay que aprender a hacerlo. A veces hay que decir que no. Lo dices. Se acabó.

Hoy he dicho que no a una posibilidad de colaboración. Tocaba hacerlo. ¿Por qué? Bueno…  no encajaba en mi estrategia de negocio. Caía fuera de lo que he definido como mis objetivos.

¿No es frívolo? ¿No suena un poco raro utilizar palabras como estrategia y objetivos para justificar esta decisión? Quizá, no lo sé. Al final, la decisión es sencilla. No está en tu plan. No te interesa. No te gusta. No necesitas mucha más reflexión. Debería ser suficiente.

La dispersión es un obstáculo

Has trabajado un plan. Has dibujado sobre el papel tu itinerario. Ahora te toca seguirlo. Seguro que se producirán cambios. Seguro que tendrás que modificarlo. Seguro que sí.

Los cambios son cambios. Es trabajo. Las desviaciones voluntarias son otra cosa.

Cuando dices que sí a todo, estás abriendo demasiadas puertas. Te dispersas. Dispersión y foco no van de la mano. Significan cosas distintas. El foco concentra recursos. La dispersión los reparte.

No es fácil hacer lo que tienes que hacer cuando los recursos están en otro sitio. Eso es lo que pasa cuando dices que sí a temas que no están en tu estrategia. Eso es lo que ocurre cuando te dispersas.

Siempre más

Ése es uno de los objetivos. Superar expectativas. Sorprender a tus clientes. Entregar por encima de lo prometido. Ésa es la fórmula más sencilla para que las cosas salgan bien. La mejor forma de ganarte a tus clientes.

No es fácil. No es fácil cuando tocas demasiados palos. Cuando estás encima de demasiadas cosas diferentes. No es fácil cuando te saltas el plan. Tu conexión no es la misma. Tus resultados no pueden ser iguales.

Entregas más cuando te sientes identificado. Cuando haces lo que tienes que hacer. Lo que has planeado hacer. Entregas mucho más cuando estás dentro de tu estrategia. Al fin y al cabo, haces lo que sabes hacer. Lo que te gusta. Así es más fácil.

Eres más feliz

Es la idea. Ser feliz. Cuando haces lo que te gusta, eres feliz. Al menos, mucho más que cuando no lo haces.

Es un estado de ánimo que se retroalimenta. Eres feliz. Trabajas mejor. Consigues mejores resultados. Te sientes bien. Eres más feliz. Trabajas mucho mejor. Consigues… Así sucesivamente. Es un círculo que no se termina nunca. Es un círculo que no debes romper.

¿Por qué hay que hay que decir que no? Porque, cuando dices que sí a todo, haces cosas que no te gustan. Que no te llenan. Cuando dices que sí a todo, pierdes tu estrategia.

Hay que aprender a decir que no para aprender a ser mejor.

Salvador Figueros

Foto: hryck / flickr

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{ 4 comments… add one }

  • Rafael Hernampérez 31 marzo, 2012, 1:06

    Excelente artículo, con el que me siento muy identificado en más de una experiencia, y cuya solución y resultado es de sentido común.

  • Salvador Figueros 31 marzo, 2012, 12:21

    Hola Rafael,

    Muchas gracias por el comentario. Supongo que nos pasa o nos ha pasado a todos. Este tipo de experiencias son demasiado comunes.

    Saludos

  • Diego Freniche 31 marzo, 2012, 12:53

    Precisamente esta mañana de Sábado he ido a decirle definitivamente que no a un cliente con el que había empezado unas tareas, de esas que se hacen en parte como un favor.
    El año pasado me propuse aprender a decir NO y los resultados fueron muy buenos. Y este año, salvo este error, he dicho que NO muchas veces.
    Se debería usar como KPI el número de propuestas a las que decimos NO a lo largo del año.

    Un saludo

    • Salvador Figueros 1 abril, 2012, 6:23

      Hola Diego,

      Gracias por tus comentarios. Me gusta mucho la idea de utilizar el nº de veces que dices NO como KPI (jajaja…).

      Saludos

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