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¿Qué Aprendes Cuando Dejas De Fumar?

no smoking

Robert Cialdini cuenta, en su magnífico libro “Influencia”, una historia que me gusta especialmente.

Es la historia de una mujer que, después de leer un nuevo estudio sobre las causas científicas que relacionan tabaco y cáncer, decide dejar de fumar.

Lo intenta por los métodos tradicionales. Lo intenta una y otra vez, pero no tiene demasiado éxito. Al poco tiempo, su fuerza de voluntad se resiente y vuelve  a caer.

Después de varios intentos, decide probar con un método muy particular. Confecciona una lista con todas las personas que le importan. Son personas ante las que quiere tener una buena imagen y ganarse su respeto.

Se hace con un montón de tarjetas en blanco y escribe en cada una de ellas: “Te prometo que no volveré a fumar”.

En un par de días, había enviado las tarjetas firmadas a todos los integrantes de la lista: padres, hermanos, novio, jefes, amigos,…

Dejar de fumar era una tarea en la que había fracasado anteriormente. Seguramente, fue una de las cosas más difíciles a las que se había tenido que enfrentar hasta ese momento. Pero la idea de que un montón de gente a la quería pudiesen pensar que no era lo suficientemente seria como para poder mantener un compromiso, fue mucho más fuerte.

La posibilidad de perder el respeto de los seres queridos por no ser capaz de cumplir con lo prometido fue el mejor método para dejar de fumar.

La fuerza de los compromisos

Para poder cambiar algo, primero tienes que comprometerte. Es así como funciona. Primero el compromiso y luego el cambio.

Todos los compromisos no son iguales. Hay distintos niveles de compromiso. Los compromisos que lo son y los compromisos que lo son menos.

Incluso cuando hablamos de compromisos que lo son, hay veces que no es fácil mantenerlos. ¿Por qué? Supongo que por muchas razones. Porque son muy ambiciosos. Porque la fuerza de voluntad no es lo suficientemente grande. Porque… No sé, hay un montón de explicaciones que pueden justificarlo.

Una buena forma de forzar el compromiso es haciéndolo público. Es fácil traicionar tu compromiso cuando lo mantienes cerca de ti. Cuando es demasiado tuyo.

Cuando lo publicas, es otra cosa. Pasa de ser un compromiso tuyo a ser un compromiso tuyo con los demás. El mecanismo psicológico es distinto. Es mucho más fuerte.

Por escrito

Supongo que tiene mucho que ver con ratificar algo. Con defender algo. Ésa es la sensación que se produce cuando dejas las cosas por escrito.

Es así. No tiene mucha más explicación. Cuando lo escribes, tu compromiso es  mayor. Es como si firmases un contrato. Si está en papel, es más difícil romper tu promesa.

¿Por qué? Bueno… está ahí. No es fruto de la casualidad. Si lo has escrito y lo has firmado es por algo. ¿Eres un tipo serio? Sí. ¿Piensas las cosas antes de hacerlas? Sí. ¿Cumples lo que prometes? Sí. ¿Entonces…?

Entonces… no tienes mucha opción. Toca cumplir y punto.

Los compromisos no son fáciles. Están ahí para sacarlos adelante. Si ésa no es la idea no pierdas el tiempo. Si la idea es cumplirlos, hazlos públicos y déjalos por escrito. Hay muchas más fórmulas que te pueden ayudar, pero estas dos funcionan.

Salvador Figueros

Foto: Mr. Q (K+U) /flickr

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