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Todas las Teclas No Suenan Igual

Comprar medicinas puede ser una experiencia reveladora. Hace unos días, tuve que comprar unas pastillas. Nada importante. Un hecho normal que repite gente normal constantemente.

Relativamente cerca de mi casa hay tres farmacias. Empecé por la que estaba más cerca. Al final, da lo mismo un sitio que otro porque las pastillas son iguales en todos ellos. Entonces… empiezas por lo fácil.

Tres modelos diferentes

Era una farmacia fantástica. Tenían un sistema de logística interno increíble. Los clientes hacen sus pedidos. El farmacéutico confirma en el ordenador que tiene el producto en el almacén. Un par de clicks y el producto aparece deslizándose por una pequeña rampa hasta el mostrador.

A lo mejor, es algo que ya está funcionando en otros sitios. No lo sé. Da igual, no lo había visto antes. Me causó una gran impresión. Todo estaba controlado, todo estaba sistematizado. El establecimiento gestionaba sus operaciones de una forma superprofesional. Perfecto. Bueno… no del todo. No tenían las pastillas.

La segunda farmacia es distinta. Tampoco tenían las pastillas. Ahí estaban como los primeros, pero fue una experiencia interesante. La gestión de los stocks no tenía nada que ver con la anterior. Utilizaban el método de chequear personalmente el almacén.

La logística no era excepcional, pero el local era sorprendente. Un espacio enorme. Perfectamente organizado. Con distintos tipos de iluminación en función del área de la tienda. Los medicamentos estaban expuestos como si fuesen joyas. Daba ganas de comprarlos.

También tenían un programa especial para entregar los medicamentos a domicilio. Lo habían puesto por todos los sitios. En cualquier caso, si no quedan pastillas, hay que ir a otro sitio.

La última farmacia era absolutamente convencional. Una farmacia de toda la vida con farmacéuticos de toda la vida. Ningún sistema logístico impresionante. Ningún establecimiento para recordar. Una farmacia de las de siempre. Nada más.

¡Ah! Se habían quedado sin stock hacía un rato. Sin pastillas otra vez. Al final, dejé las pastillas para el día siguiente.

Un aprendizaje

Tres farmacias distintas. Tres modelos diferentes. Logística y operaciones por una parte. Marketing por otra y poca cosa más en la tercera.

De los tres modelos de farmacia, sólo hay una que funciona. Una que realmente tiene un montón de clientes comprando sin parar. Las otras dos están vacías. No tienen movimiento.

La única farmacia que funciona es la tercera. La farmacia de toda la vida. La de siempre. Colas en tres mostradores esperando para pagar. Tráfico continuo de personas. Nada que ver con las otras dos farmacias.

¿Por qué?

Las cosas son así. Hay veces que haces cosas bien, pero no terminas de rematar. Te falta algo. En este caso pasa algo parecido.

La primera farmacia tiene una gestión de las operaciones perfecta. La segunda diseña y desarrolla principios clásicos de marketing para empujar a sus clientes. Sin embargo, es la tercera la que mejor funciona.

No lo he dicho antes, pero la tercera está situada en la calle con más tráfico de peatones de la zona en la que vivo.

Todos los establecimientos hacen algo bien, pero sólo uno se lleva el premio de los clientes.

Hacer algo bien

La mayoría de la gente piensa que para tener éxito en los negocios hay que hacer las cosas bien. No es un gran descubrimiento. Tampoco aporta demasiada información.

Hacer las cosas bien es algo demasiado abstracto. Le falta concreción. ¿Qué es hacer las cosas bien? ¿Muchas cosas? ¿Algún tipo de cosas?

Hacer las cosas bien es importante, pero es mucho más importante saber qué es lo que hay que hacer bien. Todo no está al mismo nivel.

En este caso, desarrollar una buena gestión de las operaciones y un buen marketing no es suficiente. Está bien, pero no es suficiente. En este caso, lo único que es crítico es la ubicación. ¿Por qué? Fácil, porque este negocio funciona así. Tienes una gran ubicación y tienes un gran negocio.

Este negocio no es distinto a otros. Todos funcionan igual. Cada uno tiene su elemento crítico, pero todos funcionan igual.

Te puedes engañar concentrándote en algún aspecto de tu negocio, pero no funciona. No sirve de nada si no es el elemento crítico. Identifica qué es lo que mueve tu negocio y pon todos los recursos ahí. Luego los otros pueden hacer otras cosas, pero el negocio es tuyo.

Salvador Figueros

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